¿Escuchaste alguna vez la frase de tómate el zumo de naranja que se le van las vitaminas?

En muchas ocasiones, cuando nos proponemos comer de una manera más saludable, la dificultad reside en realizar un desayuno que no contenga azúcar, café, o cereales.

Y nuestra opción es un zumo de naranja y unas tostadas en lugar de las galletas o la bollería.

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El sanísimo zumo de naranja, rico en Vitamina C y protector ante los resfriados. Ni es sanísimo, ni es lo que más vitamina C contiene , ni previene los resfriados.

Sobretodo porque al extraer el zumo de una fruta, conservamos la misma cantidad de azúcar que la pieza original pero eliminando gran cantidad de la fibra. Ello sin contar que los zumos envasados tienen aún más azúcar.
La mayor parte de los azúcares de la fruta son fructosa. La fructosa tiene un comportamiento muy peculiar en nuestro organismo. A diferencia de la glucosa no estimula la secreción de insulina,sólo la puede metabolizar el hígado. Si el hígado fuera comparable al procesador de un ordenador se podría decir que cuando metaboliza fructosa está trabajando al 100%.

¿Cuánto azúcar (sacarosa = fructosa + glucosa) consumes a diario? Fácilmente de 85 a 100 gr día.

Pues bien la fructosa, en una dieta tan saturada de azúcares como la nuestra, es el principal agente lipogénico (productor de grasas).

Además tiene un efecto muy dañino en el hígado, y es que su metabolismo puede dejar unos restos de grasa en el, que puede llevar a un tipo de cirrosis conocida como NAFLD (Non-alcoholic fatty liver disease). Es más, el metabolismo de la fructosa conduce a la producción de un tipo de VLDL (Very Low Density Lipoprotein), o uno de los mal llamados colesteroles malos, que tiene la peculiaridad de formar “gotitas de grasa” muy pequeñas que se pegan con mucha facilidad a las paredes del sistema circulatorio.

Por otro lado estudios recientes sobre el tema, parecen indicar que la fructosa podría bloquear los receptores del cerebro para la leptina, que es la hormona natural que controla el apetito y la saciedad.

¿Y entonces qué como si todo es malo, o peor aún, engorda?

No hay que ponerse extremistas. Cada alimento tiene unas características positivas y otras negativas.

Lo que tenemos que hacer es analizar costos- beneficios sobre nuestra salario base de salud. Hay algunos alimentos que nos cuestan mucho. Y otros, que nos reportan beneficios a corto y largo plazo. La salud es tuya, y con tus “ingresos” haces lo que quieres.

balance

¿Estoy sano, fuerte, sin mocos, ni cansancio? Pues quizá puedo permitirme en mis ahorros algún desayuno de café con leche y croissant sin grandes repercusiones.

Estoy algo bajo de energía, o recuperándome de alguna mala época: tal vez tenga que ahorrar un poco más, y si me tomo el croissant, debo pasar luego dos días tomando fruta, jamón serrano bueno, una infusión. Sin demasiados extras.

Estoy mal, me duele siempre todo, no llego a fin de mes: mis derroches pocos, caprichos asumibles y no a diario. Un trozo de chocolate negro, un día un zumo de naranja…

No es un canon universal. Debemos escuchar qué cosas toleramos mejor, qué tipo de alimentación nos sienta bien, y cuántos excesos podemos permitirnos en cada época.  Pues yo cambio, y lo que hace unos años lo hacía con facilidad ahora me cuesta más. Es por ello, que no tratamos de demonizar a ciertos alimentos, si no nuestra manera irracional de consumirlos, y sobretodo a la falta de adaptación a los síntomas que mi cuerpo me señala.

De la misma manera que cuando hace bueno cambias de ropa, o utilizas ropa técnica para ir al monte, y de seguridad en el trabajo… nuestra comida puede adaptarse y debe hacerlo a las circunstancias para que nos genere mayores beneficios, nos haga estar cómodos y funcionar mejor. 

Os dejamos una receta fácil de hacer para el fin de semana, o para cuando quiero hacer algo más especial sin pagar demasiado. Ideal si además te has levantado y hecho algo de ejercicio físico a buena intensidad.

Si no tienes tiempo para hacer ejercicio y no tienes el hábito antes de desayunar, os proponemos empezar con un pequeño paso. Siéntate y levántate durante 1 min en una silla. Luego dúchate y desayuna.

O ¿qué pequeña acción puedes realizar de 1 minuto que te haga moverte antes de empezar el día?

Si un minuto te parece mucho comienza con 30 segundos. Lo importante es comenzar con un pequeño paso.

Os recordamos la frase que esta semana hemos dejado en Massalud.

El cambio comienza con un pequeño paso en la dirección correcta.

TORTITAS DE PLÁTANO.TORTITAS PLATANO

  • 2 huevos camperos.
  • 1 plátano maduro
  • 2 cucharadas de leche de coco (o cualquier otra leche vegetal, como leche de almendras
  • 1 cucharada de trigo sarraceno (también podéis poner harina de arroz si queréis)
Ingredientes para el top de chocolate:
1 cucharadita pequeña de miel cruda
1 cucharadita pequeña de cacao en polvo (cacao puro, no vale cola cao)
Preparación:
Ponemos la plancha a calentar
Mientras, en un bol, batimos los 2 huevos con un tenedor.
Una vez bien batidos cortamos el plátano y lo insertamos en el bol.
Ahora machacamos con el tenedor hasta hacerlo una papilla.
No es necesario batidora y tampoco hace falta que queden demasiado triturados o perfectos.
Ahora añadimos la leche de coco y revolvemos bien.
Una vez la plancha esté bien caliente, sin necesidad de añadir aceite, colocamos la cantidad
de masa para una tortita. Esperaremos hasta ver que los bordes comienzan a hacer burbujitas y entonces le damos la vuelta.
Esperamos un minuto más (o hasta que veamos que ya está algo dorada) y retiramos de la plancha.
Repetimos con toda la masa este mismo proceso.
Ahora es momento de preparar el top de chocolate.
En un pequeño bol colocamos la miel y el cacao, removemos muy, muy
bien con una cucharilla, hasta que veamos que se queda con la
consistencia de un sirope líquido y uniforme.
No tienen que quedar grumos. En unos segundos está hecho.
Con la ayuda de la misma cucharilla lo rociamos
sobre las tortitas y ¡listo!
Equipo Massalud.