PALABRAS QUE ALIMENTAN.

¿Conocemos cómo comunicarnos de manera efectiva? ¿Nos damos cuenta del alcance de las palabras que utilizamos para hablar con nosotros mismos? ¿Te gustaría que comprendieran mejor lo que pides?

Todos hemos entrado en casa alguna vez diciendo. Huele que alimenta. También es cierto que algunas conversaciones, algunas palabras, también pueden dejarnos esa sensación en el estómago.

 

Desde Massalud creemos que las palabras pueden ser muy constructivas, muy curativas. Y que es necesario aplicarlas como un remedio más. 

El otro día, un paciente me dijo durante una sesión que tenía un médico que le explicaba tan bien las cosas que le pasaban que salía medio curado de la consulta. “Yo se mucho de miel y de abejas, pero con ese médico parecía que sabía tanto cómo él del cuerpo.”

AL MENOS DOS.

La comunicación es un proceso activo por todas las partes implicadas.  Cuando va bien, y cuando no funciona también.

Las malas palabras, que intoxican, llenas de mala intención,  normalmente dejan una pequeña úlcera a quien ya está sensible.

Debemos entender que el que muestra su ira, su falta de respeto hacia el otro, o su falta de tolerancia, habla de sus propias limitaciones.

Aunque no lo creamos, el que recibe las palabras puede hacer mucho más que ser una víctima .No por “escuchar” ciertas cosas estoy expuesto a un daño.

Si mi estómago es fuerte, hasta los platos de los malos cocineros los aguanto. Eso si. Que lo soporte, no significa que tenga que comer a diario en ese restaurante.

Es algo que nosotros podemos elegir tomar o no. No son un veneno en si. Sólo si decides beberte el bote de veneno entero.

– cuanto daño me haces.

-todo el que tú te dejas.

Un ejemplo que utilizo con los pacientes es que les llamo con toda la mala baba que puedo: Guarra. Vago. Idiota. Mala persona. Envidioso. Plátano azul. Corrupto.

Por ahora… plátano azul y corrupto  son los que menos impacto han tenido (seguramente con otros pacientes no pasaría lo mismo) Nos quedamos con lo que “resuena”. Sin embargo, si algo que nos dicen que es absurdo… como plátano azul… no reacciono. No me enfado. ¿ Cómo voy a ser un plátano azul?

Vale ¿y un vago? ¿y una guarra? ¿te sientes así, o es también igual de absurdo?

El consejo es que cuando cualquier persona hable sobre vosotros con un juicio de valor. Preguntéis.

¿Qué te hace decir que soy X? ¿Dónde lo ves concretamente?

¿Por qué te molesta? ¿De qué manera te perjudica?

¿Cuál es tu intención al darme esa opinión? 
De manera que si hay algún HECHO, cierto, objetivo y que está afectando a ti o a la otra persona. Mira hacia dentro. Nútrete de una visión de ti mismo desde otra perspectiva.

Si tenemos una buena autoestima, no necesitamos que todo lo que hagamos sea perfecto. Incluso puedo aceptar que hay cosas de mi molestas, negativas. Y después, valoraré si quiero, si puedo y me sentaría bien  cambiarlas y cómo lo elijo hacer. 

Recuerdo que por la noche antes de bajar la basura cuando vivía en Madrid, varios vecinos dejaban su bolsa en la puerta. De manera que cuando bajabas la escalera podías hacerles el favor y tirar la suya.

Cuando alguien habla. Saca su basura. Es tu decisión si la tiras, si reciclas algo de lo que hay en ella, o si se la dejas en la puerta para que esa misma persona la tire.

Revisa, cuando hablas con los demás, si lo que estás sacando es tu basura, o la suya. 

No nos tenemos que quedar, ni nos tenemos que defender siempre con todo aquello que la gente nos diga. Por muy médicos, padres, jefes, o cuñados sean.

CUANDO EL OTRO LLEVA BATA BLANCA.

Entramos en pánico escénico. Si señorita Escarlata.

Y todo lo que queríamos preguntarle. Y ese lunar que me salió. Y cuantas repeticiones tengo que hacer del ejercicio…..Nos acordamos al llegar a casa.

HABLA CON HONESTIDAD.

PREGUNTA SIN VERGÜENZA.

QUÉJATE CON EDUCACIÓN.

PIDE LO QUE NECESITAS.

AGRADECE LO QUE ES ÚTIL.  

Con cualquier persona, lleve bata, traje o chandal, le podemos pedir lo que necesitamos, negarnos a seguir su consejo, explicar nuestro parecer y tener en cuenta nuestra propia visión de las cosas.

 

  • ¿ Qué es lo que impide que pueda hacer nada más por mi? 
  • ¿ Y si es normal tener este dolor/ problema que otras cosas puedo hacer yo?
  • Si usted no puede hacer nada más por mi ¿cree que otra persona si?¿qué haría usted en mi situación? 

 

Valoremos si la opinión de esa persona, sea o no la de un profesional es de utilidad para nuestro problema o demanda.

 

ANTES DE HABLAR CON OTRA PERSONA, RESPIRA.

Hay varias anécdotas sobre Lady Astor y Wisnton Churchill. La más famosa  fue la ocasión en la que Lady Astor le dijo a Churchill: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” A lo que Churchill respondió: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!”

¿ ES CIERTO LO QUE VOY A DECIR?

¿ES NECESARIO PARA EL OTRO SABERLO? 

¿QUÉ ES EXACTAMENTE LO QUE PIDO/QUIERO/ ME QUEJO? 

¿ES UN BUEN MOMENTO PARA QUE LA OTRA PERSONA LO RECIBA? 

¿SI GRABARA ESTA CONVERSACIÓN HOY ME ARREPENTIRÍA AL VOLVER A ESCUCHARME EN UN MES?

No hablamos para mostrar nuestro enfado. Nuestro enfado es nuestro y no mejora mostrándolo. Como no mejora nuestro desayuno por subirlo a Instagram.

Si protestamos o nos quejamos es para solucionar el motivo de nuestro enfado. 

 

UN GUIÓN DE COMUNICACIÓN.

  • Yo creo/ opino/ quiero / pienso/ siento que …
  • Cuando tú haces/ dices….
  • Entiendo que puede que para ti/ o desde tu punto de vista tal vez… 
  • Me gustaría que hicieras/ que tuvieras en cuenta/ que respetaras….
  • Yo voy a hacer/ tendré que tomar una decisión/ igual tu propones…
  • Gracias/ mi intención es/ esto te lo digo con la intención de conseguir.. 

Me molesta Segismundo, que dejes la pasta de dientes destapada por las mañanas.Se que para ti no es importante y te despistas. Te agradecería que taparas el tubo cada vez que lo usas. Yo seguro que también tengo costumbres por la mañana que te desagradan y que igual debo cambiar. Así estaremos más a gusto los dos por las mañanas.

Claramente esta conversación es muy pomposa por un tubo de pasta de dientes.

Pero se puede aplicar este ejemplo entendiendo que:

Primero: hablo desde mi creencia, opinión o deseo. 

Segundo: le explico cómo afecta lo que la otra persona hace en mi vida, sentimientos u opiniones. 

Tercero: hago una petición concreta y también le ofrezco la alternativa de explicarse o de generar otras soluciones diferentes a la mía.

Cuarto : doy valor a lo que la otra persona ya hace y doy las gracias.  Si se niega a mi petición, yo pongo un limite o abro una negociación. 

Y así hasta que se llega a un acuerdo válido para los sentimientos u opiniones de ambas personas.

Es latoso hablar así. Igual que cocinar cuando menos ganas tenemos. Pero más vale dedicar un poco más de elaboración a algunas cosas. Cuantas veces las prisas nos han hecho estropear un plato que teníamos casi a punto. Ten paciencia para pedir y decir las cosas, lo mejor que sepas. Se pierde mucho más quemando las relaciones que la cena. 

ESTANDO A SOLAS.

En cualquiera de nosotros es también necesario cambiar la forma de hablar con nosotros mismos.

Tal vez en alguna ocasión te has pillado a ti mismo diciéndote cosas cómo.

” Qué torpe estás”.” Ya estás de nuevo con tus estupideces””No eres capaz de hacer nada bien.” ” Deberías ser más””Nunca te valoran”

Órdenes. Críticas poco constructivas. Imposiciones sin sentido. Víctima de telenovelas imaginarias. Esa doble personalidad del Gollum que llevamos dentro. 

Todas estas palabras… ¿ de dónde salen? ¿Cómo permito hablarme a mi mismo tan mal?

 

Os animo a que os fijéis si podéis deciros algo agradable, sintiéndolo, en primera persona y en presente. Y comparadlo si es más fácil con una crítica.

Si delante nuestra, tuviéramos a un ser. Estilo Pepito Grillo, pero con voz chillona, pequeño y molesto. Diciéndonos constantemente lo torpe, gordos, vagos, egoístas, que somos. Lo aplastaríamos al minuto dos. ¡Deja de hablarme así! ¡No es verdad! ¡ Qué peñazo el grillo ese, ni ni ni!…. (con ese tono de burla infantil)

En algún momento nos hemos creído que cuanto más duro golpeamos al caballo más corre. Pero es la firmeza, la estabilidad, el saber indicar bien a nuestro caballo lo que le hace galopar.

Ser firme y orientar  las decisiones que uno toma no es razón para fustigarse. Una mano al lomo, una indicación correcta va mejor. Deja de desriñonarte a taconazos, que no funciona. Ni con los demás, ni contigo.

¿Realmente esto que me pasa es infinitamente triste? (con el permiso de una paciente y con todo el cariño)

Cuestiónate tus afirmaciones. De la misma manera que no siempre te “tragas” la opinión o consejos de los demás.

 

¿ES VERDAD 100% LO QUE ESTÁS DICIENDOTE?

¿ES ÚTIL HABLARTE ASÍ?

¿ESTÁS ENCONTRANDO ALGUNA SOLUCIÓN NUEVA?

¿TE ANIMAN TUS PALABRAS A CONSEGUIR TUS OBJETIVOS? 

¿TE HACES DAÑO? 

 

 

 

 

Este corto nos muestra el poder de la palabra. Y a veces de la sordera selectiva.

Haz que tus palabras sean algo que nutre tus relaciones. Que te impulsen.

No dejes que las malas opiniones, críticas o diagnósticos sean lo que te envenene y justifique nuevas palabras tóxicas hacia los otros. Hiriendo no se enseña a dejar de herir.

No hables destructivamente. Ni contigo, ni con nadie. Si alguien no te aporta con su palabras, y no hay nada bueno que puedas decirle. Aléjate. No pasa nada por dejar de tragarse ciertos sermones.

Ayuna de vez en cuando. Podemos elegir el silencio también. Funciona cuando es un tiempo de meditación y para revisar nuestra bolsa de la basura.

Nutre tus diálogos, con los demás y contigo mismo.

Convierte tus palabras en una manera de generar experiencias más enriquecedoras, que dejen buen sabor, que se digieran sanamente, que alimenten las buenas relaciones, incluso que sanen. 

Las palabras ricas, ricas y con fundamento.

 

 

Equipo Massalud.

 

 

Por | 2017-03-25T01:57:18+00:00 marzo 25th, 2017|Categorías: Comunicación, Psicología, salud|Tags: , , , |1 Comentario

Un comentario

  1. Ventura marzo 25, 2017 at 9:18 am - Reply

    Muy bueno

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