NIÑOS “FORZUDOS”

NIÑOS “FORZUDOS”

 

¿Es el trabajo de Fuerza perjudicial para nuestros hijos?

 

 

¡Hola amig@s!

 

Desde esta ventana me asomo para intentar aportar algo de luz en este enrevesado tema de la Fuerza empleada en edades infantes.

Desde que hace ya un par de años asistiese a uno de los cursos (en este caso sobre el entrenamiento de la Fuerza en distintas poblaciones) que, periódicamente vamos realizando tanto yo como cualquiera de los compañeros con los que conformo este maravilloso proyecto; y que en ocasiones no se ajustan a lo que realmente esperabas o en los que pasan casi todo el tiempo en desarrollar el punto del programa que a tí previamente menos te interesa…Pero no, en esta ocasión no era así, el tal Juan Ramón Heredia(director del Instituto Intenacional de Ciencias del Ejercicio Físico y la Salud-IICEFS-) me abrió los ojos en este mundo en el que, por mi formación anterior yo también tenía mis reticencias en el empleo de este tipo de ejercicios en este barremo de edades. Intentaré en las siguientes líneas con lo aprendido por el mencionado Juan Ramón como con la cantidad de enormes profesionales con los que me ido encontrando durante mi propia andanza personal y profesional para enfocar el tema no desde ese prisma clásico en el que los niños sólo juegan, (y seamos sinceros esos juegos si aún fuesen activos, pero cada vez son más tecnológicos y consecuentemente inmovilistas para el organismo del niño) y ya cuando cumplen los 16 años ahí sí, ya los dejamos que se vayan a machacar a cualquier gimnasio donde no importe que se vaya a primar la estética antes que la salud de nuestro hij@.

 

 

 

Que no os engañe antes de nada el tema ni el subtitular de este post; recordad que os hablamos desde el prisma de massalud, donde creemos que la especialización deportiva como tal (y más aún si nos refiriésemos a entrenamientos específicos de Fuerza) no debería desarrollarse por lo menos hasta la edad prepuberal, pero es que no hablamos de eso si no de poder integrar esos ejercicios de F dentro de un juego, o no se puede por ejemplo realizar 10 sentadillas si ganas “el pañuelo”, o dentro de un circuito en el que tienes que pasar por debajo de unas pocas vallas realizando 5 flexiones-aunque sea con las rodillas apoyadas- debajo de cada una de ellas como condición para pasar a la siguiente, o poder enfocar el trabajo de core dentro de un juego como “el espejo” o …. y así múltiples combinaciones; SOLO LA IMAGINACIÓN SERÁ TU LÍMITE.

 

Los niños jugarán, y se cansarán, sí; y al principio tendrán agujetas, sí; pero TRANQUILOS, esa fase pasa pronto y verán que pueden jugar más tiempo, pueden correr más, saltar más,… en definitiva su salud mejorará y eso se plasmará (siempre es un camino continuo de ida y vuelta) en la mejora de todas sus condiciones físicas; y OJO, sí, tambien se plasmará en la mejora de sus condiciones psíquicas, mentales, intelectuales y hasta sociales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para que entendáis un poco mejor de porque aún la controversia actual, un poco de historia: durante los años70 y 80 existió una evidente reticencia y cautela en recomendar el entrenamiento de fuerza para los distintos grupos de edad de la niñez y adolescencia. Parte de ello pudo deberse a que en algunos estudios preliminares no se encontraron mejoras de la fuerza en niños prepúberes que participaron en programas de entrenamiento de la fuerza, lo que condujo a la opinión generalizada de que este tipo de entrenamiento era ineficaz para esta población, incluso por la Academia Americana de Pediatría en sus primeras recomendaciones publicadas al respecto .

En la actualidad, y a partir del primer posicionamiento publicado por la National Strength and Conditioning Association en 1985 respecto del entrenamiento de la fuerza en la prepubescencia, y sus posteriores actualizaciones, se puede afirmar que existe un gran consenso internacional entre asociaciones vinculadas a la salud y el entrenamiento, en apoyar la participación supervisada de los jóvenes en entrenamientos de fuerza por estar reconocida su seguridad y eficacia para la mejora de la salud y rendimiento.

En la misma línea, el último posicionamiento internacional publicado refuerza y afianza la recomendación y promoción de programas de acondicionamiento neuromuscular durante la niñez y adolescencia, siempre y cuando estén apropiadamente supervisados y diseñados por adultos cualificados para entrenar a este tipo de poblaciones.

Por ésta y otras razones que iremos detallando, tenemos que lograr una desmitificación del entrenamiento de la fuerza en edades tempranas

ERRORES MAS COMUNES

1.- Los ejercicios de F son una práctica insegura por la gran incidencia o riesgo de lesiones músculo-esqueléticas agudas y por sobrecarga.

No existen evidencias científicas basadas en estudios de intervención, descriptivos y observacionales que hayan podido estadísticamente mostrar mayores índices de lesión en poblaciones infantiles y púberes que practican entrenamientos de fuerza que aquellas que practican otras modalidades de ejercicio físico-deportivo. De hecho, los datos muestran que el entrenamiento de fuerza en edades tempranas es altamente seguro si está correctamente supervisado por adultos cualificados que instruyen correctamente.

Todos los expertos coinciden en afirmar que la mayoría de las lesiones en jóvenes, que puedan suceder durante los entrenamientos de fuerza son debidas a accidentes generados por el uso inapropiado del equipamiento (77.2% en jóvenes de 8-13 años), a una carga de entrenamiento excesiva, a una técnica de ejecución defectuosa y/o a la ausencia de supervisión cualificada.

 

2.- Los ejercicios de F provocan efectos perjudiciales sobre el desarrollo óseo y pleno crecimiento corporal.

No existen evidencias documentadas que muestren o vinculen efectos adversos que puedan interferir sobre el crecimiento lineal y la estatura final alcanzada en prepúberes y púberes con el entrenamiento de la fueza.  Por el contrario, es posible que exista potencialmente mayor riesgo lesivo para las placas de crecimiento de los jóvenes que realizan actividades deportivas competitivas que impliquen saltos y aterrizajes, donde las fuerzas de reacción contra el suelo pueden llegar a ser de 5-7 veces del peso corporal. Al contrario, la exposición de las placas de crecimiento en desarrollo a suficiente estrés mecánico a través del entrenamiento de fuerza apropiado puede ser un estímulo beneficioso para la formación de hueso y para el crecimiento.

 

Tras ser conscientes de los errores, veamos los beneficios potenciales del entrenamiento de la fuerza en edades tempranas

1.- Prevención/reducción de la incidencia de lesiones inducidas por la práctica físico-deportiva.

La implementación de entrenamientos de fuerza correctamente prescritos y supervisados en programas de acondicionamiento físico globales durante la pretemporada y la temporada deportiva ha mostrado poder reducir la incidencia de lesiones deportivas en ninos y adolescentes. Al contrario, los jóvenes deportistas que no posean adecuados niveles de fuerza y acondicionamiento físico tendrán más riesgo de sufrir lesiones deportivas. Lesiones tan comunes como roturas del ligamento cruzado anterior de la rodilla en jóvenes deportistas (como en fútbol, rugby), pueden ser prevenidas en frecuencia y gravedad mediante la incorporación de un programa de acondicionamiento muscular apropiado durante la pretemporada. En definitiva, el entrenamiento de fuerza puede ayudar a preparar físicamente a los jóvenes deportistas, para afrontar con mayores garantías las altas demandas músculo-esqueléticas del entrenamiento deportivo y la competición.

Sin embargo, la inactividad física es por sí misma un factor de riesgo que predispone a la lesión durante la práctica física, hasta el punto que los adolescentes con sobrepeso u obesidad tienen más del doble de posibilidades de lesión que sus compañeros con un digamos, peso más normal.

Aquellos programas de entrenamiento de la fuerza, que se centran sobre los factores de riesgo de lesión asociados a las lesiones deportivas(desequilibrios musculares, bajo nivel de aptitud física neuromuscular inicial,…), tienen el potencial de reducir la incidencia de lesiones por sobrecarga hasta el 50% en niños y adolescentes.

 

2.- Mejoras de la fuerza muscular y de rendimiento en habilidades motrices.

La literatura científica respecto a este aspecto es también firme, el entrenamiento de fuerza correctamente prescrito y supervisado tiene la capacidad de poder generar mejoras de rendimiento en habilidades motoras (saltar, correr, lanzar) en edades infantiles y juveniles, lo que puede tener transferencia para mejorar otras capacidades de tipo deportivo.

 

3.- Mejora de la salud ósea.

 

Las etapas evolutivas claves que suponen una oportunidad para aumentar la densidad y contenido mineral óseo, y conseguir así un buen capital de reserva para el futuro, son precisamente la nin ̃ez, la preadolescencia y la adolescencia. Durante estos periodos sensibles de formación ósea se puede lle- gar a adquirir el 50% del pico de masa ósea. La práctica regular en actividades físico-deportivas con soporte del peso corporal en general, y con alto contenido de acciones de fuerza en particular, son potentes estímulos osteogénicos que pueden ayudar, junto a otras medidas nutricionales, a conseguir ese objetivo en estas fases  posteriores.

4.-Mejoras de la composición corporal y de la sensibilidad a la insulina.

Los niños y adolescentes actuales no son tan activos como deberían, y la tasa de reducción de su actividad física habitual comienza en la preadolescencia temprana. Ante una sociedad infantil y juvenil cada vez más sedentaria y con unos índices de obesidad crecientes cualquier intervención de ejercicio que muestre mejorar o prevenir el desarrollo de la obesidad y patologías asociadas debiera ser incorporada sin duda alguna en nuestros programas de entrenamiento.

 

 

 

Sin duda y desde nuestro modesto punto de vista,  conjuntamente, todos estos argumentos respaldan la necesidad de promover la práctica del entrenamiento de fuerza entre los niñ@s y adolescentes por la eficacia mostrada para la mejora de su salud y rendimiento motor.

 

 

Para ir concluyendo ya con estas realidades sobre un aspecto hasta ahora tan poco estudiado y definido verdaderamente hasta nuestros tiempos, dejamos la reflexión en el aire para aquellos padres temerosos de que sus hij@s se hagan daño realizando tanto una actividad deportiva que implique el mayor o menor empleo de la capacidad Fuerza como tal, que  no teman, que los niños no se rompen por una simple caída, que si se cansan pronto también se recuperan muy pronto del esfuerzo, que generar este tipo de trabajo en su organismo no lo va a llevar a otra senda que no sea la de una mejor salud sí, esperamos que ese concepto haya quedado claro ;  pero que, todo este trabajo físico (como ya hemos ido intuyendo durante el resto del texto) tendrá que verse acompañado de una mejor y más correcta alimentación que la que en general, le proporcionamos a nuestros hijos, ya que somos nosotros y sólo nosotros(ellos no hacen la compra) los responsables de que sean mucho más exigentes con lo que meten por sus boquitas, y que no acaben como por ejemplo, la hija de un apreciado amigo, a la cual por llevar piezas de fruta para el recreo en vez de los consabidos potajes de grasas saturadas plastificadas( no vamos a golpear a las marcas, todos las sabemos); pues es la considerada carita de la clase. Pero adónde vamos a llegar, dan ganas de llorar,….pero bueno ése seguramente será tema principal de algún post posterior con los que os intentaremos seguir informando sobre diversos aspectos seguramente  muy interesantes para vosotros.

 

Esperando que el tema tratado os haya gustado, nos despedimos hasta otra….. saludos y mássalud.!!!!!!

 

 

 

 

Por | 2017-10-08T20:12:01+00:00 octubre 8th, 2017|Categorías: maSSalud|0 Comentarios

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