“Las Grasas y su mala fama”

Cinco de la tarde, ya has terminado de comer, ya has descansado un poco y es la hora de ir a hacer la compra. Encaras el pasillo de los lácteos y en la mayoría lees bajos en grasa. Sigues por el pasillo de embutidos y vuelves a leer jamón bajo en grasa… Y así podríamos seguir por muchos más pasillos de tu supermercado.

Llevamos tantos años oyendo que las grasas son malas que realmente no sabemos quién lo ha dicho y por qué. Seguimos asociando la grasa de los alimentos con las “lorcillas” que nos cuelgan de nuestra barriga, piernas, culo, brazos,… y no, nada tiene que ver comer grasas con ese exceso de grasa corporal. Ese exceso de grasa corporal no es más que el almacenamiento de energía que hace nuestro organismo cuando hacemos una ingesta excesiva. Es una manera de guardar reservas para el futuro, cumpliendo un objetivo de supervivencia de nuestros antepasados cazadores que no sabían cuándo iban a volver a comer. Lo que debemos saber es que nuestro organismo no sólo fabrica grasa a partir de grasa dietética, sino que también lo hace a través de otros nutrientes energéticos, por lo que, si nos pasamos con nuestra ingesta, también transformaremos grasa a partir del exceso energético al que contribuyen tanto los hidratos de carbono como las proteínas.

¿Pero de dónde viene esa demonización hacia las grasas? Los primeros enfoques dietéticos antiguos se centraron en reducir las kilocalorías de la dieta como estrategia para adelgazar. Si tenemos en cuenta que las proteínas y los carbohidratos nos proporcionan 4 kcal/g y que las grasas y aceites aportan 9 kcal/g, lo fácil e injusto era reducir el consumo de aceites y grasas. Esta tendencia inicial llevó a criminalizar la grasa y a considerar su reducción un objetivo primordial a la hora de adelgazar. Esas dietas bajas en lípidos eran muy difíciles de mantener, porque por un lado eran poco saciantes y por el otro eran poco sabrosas. Los nuevos enfoques dietéticos están empezando a considerar más factores de nuestra dieta, la capacidad saciante de los alimentos o el placer que nos proporcionan, para intentar conseguir cambios que se mantengan de por vida.

Después de años de estudio, cuando se comparan dietas equivalentes en kilocalorías pero con distintos macronutrientes, las que obtienen peores resultados son las dietas bajas en grasa frente a las bajas en carbohidratos o la mediterránea. Pero además, tampoco parecen ser una buena idea para mejorar marcadores cardiovasculares como el colesterol o los triglicéridos. Este enfoque actual defiende que los beneficios de estas dietas se consiguen a base de mejorar la calidad de la grasa que comemos, no reduciendo la cantidad ingerida.

Esta demonización de las grasas llevó a la industria alimentaria a comercializar una serie de productos bajos en grasa, la era “low fat”, que aún hoy en día se sigue viendo en los supermercados. El problema surge porque la industria a cambiado grasas por azúcares para que esos alimentos sigan siendo “apetecibles”. Al quitar la grasa se han convertido en alimentos poco saciantes, han perdido su capacidad nutritiva y al perder ese sabor, la industria ha añadido gran cantidad de azúcar a su composición. Ese cambio de grasa por azúcar puede reducir kilocalorías en el alimento, pero tiene un impacto mayor de lo que creemos sobre nuestra salud, ya que al comprar productos light menos saciantes y con azúcares añadidos, nos predisponen a comer más durante el día, aumentar las kilocalorías que consumimos y por tanto un efecto rebote sobre nuestro peso corporal.

Por lo tanto, si lo que queremos es bajar nuestro peso corporal deberíamos evitar aquellos alimentos con una alta densidad energética, poco saciantes, con pocos nutrientes asociados y que carezcan de fibra o proteína en su estructura. Hablamos de dulces, bollería, refrescos, alcohol, derivados refinados… Por contra, alimentos como el aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos huevo o pescado azul, poseen un alto contenido en ácidos esenciales omega 3 y 6, que no sólo ayudan a saciarnos, sino que además se asocian a la prevención y tratamiento de diferentes patologías.

Por último, me gustaría hablar sobre un informe de la National Obesity Forum (Forum Nacional de Obesidad) del Reino Unido (http://www.nationalobesityforum.org.uk/index.php/about-the-nof.html). Titulado “Eat Fat Cut The Carbs and Avoid Snacking To Reverse Obesity and Type 2 Diabetes”, Coma grasa, Corte los carbohidratos y evite los aperitivos para revertir la obesidad y la diabetes tipo 2 (https://phcuk.org/wp-content/uploads/2016/05/Eat-Fat-Cut-The-Carbs-and-Avoid-Snacking-To-Reverse-Obesity-and-Type-2-Diabetes-National-Obesity-Forum-Public-Health-Collaboration.pdf). En dicho informe se defienden, siempre basado en estudios con pacientes, diez puntos sobre los hábitos que deberíamos seguir para mejorar nuestra salud. Serían:

  1. Eating Fat Does Not Make You Fat (Comer grasa no te engorda)
  2. Saturated Fat Does Not Cause Heart Disease. Full fat dairy is likely protective (La grasa saturada no causa enfermedad cardíaca. Los lácteos con mucha grasa             probablemente sean protectores).
  3. Processed foods labelled ‘low fat’, ‘lite’, ‘low cholesterol’ or “proven to lower cholesterol” should be avoided (Alimentos procesados etiquetados como “bajo en                   grasa”, “ligero”, “bajo colesterol “o” demostrado reducir el colesterol ” debería ser                  evitado).
  4. Limit starchy and refined carbohydrates to prevent and reverse Type 2 diabetes (Limite los carbohidratos ricos en almidón y refinados para prevenir y revertir la     diabetes tipo 2)
  5. Optimum Sugar Consumption For Health is ZERO (El consumo óptimo de azúcar para la salud es CERO)
  6. Industrial Vegetable Oils Should Be Avoided (Los aceites vegetales industriales deberían evitarse)
  7. Stop Counting Calories (Calorie focused thinking has damaged public health.) (Dejar de contar las calorías (El pensamiento centrado en las calorías ha dañado la salud      pública).)
  8. You cannot outrun a bad diet (No se puede superar una mala dieta)
  9. Snacking will make you fat (Grandma was right!) (Los apertivos te harán engordar (¡La abuela tenía razón!))
  10. Evidence Based Nutrition Should Be Incorporated In to Education Curricula For All Healthcare Professionals (La nutrición basada en la evidencia debe incorporarse en el              currículo educativo para todos los profesionales de la salud).

Como puedes ver, la mayoría de sus premisas van en contra de los dogmas médicos y alimenticios que estamos acostumbrados a leer.

 

 

 

 

 

By | 2018-05-30T21:04:52+00:00 mayo 30th, 2018|Categories: maSSalud|0 Comments

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