ENTENDIENDO LA INFLAMACIÓN

HISTORIA BASADA EN HECHOS REALES

Empieza el año y los propósitos son siempre los mismos: dejar de fumar, comer mejor y hacer más deporte. Un día, lleno de convencimiento y de ganas, sales a correr para empezar con buen pie el año pero, con tan mala suerte que, en un momento inoportuno pisas mal y ese mismo buen pie con el que empezabas, lo tuerces. Tienes el tobillo hinchado y como es normal, duele. Como es normal, vas por urgencias a que pongan remedio a ese dolor y bajen la inflamación. El remedio que te dan, como es normal, es un tratamiento mediante antiinflamatorios, hielo y reposo (protocolo RICE o PRICE). Llegas a casa y como es normal, haces al pie de la letra lo que te han dicho. Los primeros días el dolor remite, ¡que bien, esto funciona! Pero con el paso de los días y las semanas, sigues notando el tobillo hinchado y con algunas molestias. “No muevo el tobillo como el otro”, “no están iguales”, “será lo normal, ya quedará así”. Segundo día de carrera, mismo convencimiento, mismas ganas de empezar bien el año, misma torcedura de pie, misma inflamación, misma visita a urgencias, misma receta, mismo tratamiento, mismo final. “No vuelvo a correr que me hago daño”.

A lo largo de todo este camino de la “normalidad” que tantas personas hemos andado, debe de haber algo que no funciona, ¿no crees?

Nuestro organismo siempre busca la homeostasis, es decir, el equilibrio interno. De esta forma, nuestra fisiología tiene mecanismos suficientes para resolver infinidad de situaciones dañinas y volver a un estado de armonía.

El esguince o cualquier lesión es una acción fortuita e imprevista. Buscar una solución, evidentemente, es lo que hay que hacer. Que la lesión remita y vuelva a la homeostasis es lo normal. Entonces, la atención habrá que ponerla en el tratamiento. En otras entradas ya hemos hablado de como actúan los antiinflamatorios y de lo que supone el reposo para un tejido lesionado. Ya hemos visto que no son herramientas eficaces para el tratamiento y la resolución del problema. Ahora entenderemos más a fondo que es la inflamación para comprender que no la hay que temer, sino que es un aliado que nos ayuda a recuperar la homeostasis. Profundicemos…

La inflamación es la respuesta fisiológica aguda del sistema inmune ante una lesión tisular.

Entendamos como respuesta fisiológica aquella que nuestro organismo, sabiamente (siempre más listo que nosotros), emite ante un estímulo en busca de la homeostasis del propio organismo. Entendamos también, por aguda, el momento inicial de este proceso de homeostasis en el cual se acaba de producir el estímulo y provoca los primeros cambios. Por último, entendamos por lesión tisular el poner en compromiso a cualquier tejido presente en nuestro cuerpo.

Por lo tanto, inicialmente el organismo va a responder de igual manera ante un esguince de tobillo como a cuando nos clavamos una astilla en el dedo como a la ingesta de alguna sustancia que nos haga daño en el sistema digestivo, y esa respuesta inflamatoria tiene unos signos muy identificativos, cada uno de ellos, con gran importancia fisiológica para resolver la situación. ¿Cuáles son los signos de la inflamación?

  1. Calor:  tras una lesión tisular, se produce la liberación de mediadores químicos como las prostaglandinas (sustancias inflamatorias) que van a provocar una vasodilatación arterial, llevando más sangre a la zona afectada. Este aumento del riego sanguíneo eleva la Tª y con ella, el metabolismo celular conduciendo a una mejor y más rápida curación.
  • Rubor/enrojecimiento: la elevación de la temperatura tras la llegada de gran cantidad de sangre hará que esa zona presente el enrojecimiento típico derivado del calor.
  • Tumefacción/hinchazón: otra consecuencia de la liberación de esos mediadores químicos es el incremento de la permeabilidad capilar, provocando la formación de “exudados”. Es decir, la sangre y varias proteínas presentes en ella como los factores de coagulación, llegan a la zona y hacen un perímetro de seguridad para empezar a limpiar la zona.
  • Dolor: en ese exudado, las proteínas que llegan van a ocupar el espacio tisular de la lesión, provocando un aumento de la presión sobre los nociceptores, que envían información de dolor al cerebro. Esto lo hace para que protejas la zona y no la sometas a esfuerzos innecesarios, necesita tranquilidad para mejorar.
  • Pérdida de la función: tanto la hinchazón como el dolor nos van a conducir a la limitación del movimiento. Esto no quiere decir que no podamos mover la zona lesionada, simplemente nos dificulta la movilidad. De hecho, la movilización de la zona hará que se recupere antes, siempre y cuando sea una movilidad coherente. Aceptamos molestia como animal de compañía, al dolor no. Así que no te esguinces un tobillo y te pongas a saltar encima de él. Que no haya más movimiento del que toca y que no haya menos del que toca.

En resumen, la lesión va a provocar la llegada de sangre a la zona que hinchará, calentará y pondrá roja por la elevación de la Tª. A mayores, con la llegada masiva de sangre aportamos oxígeno, proteínas, células del sistema inmune que inician el proceso de limpieza de células muertas, dañadas y patógenos y la posterior regeneración del tejido.

De esta forma entendemos que la inflamación es la respuesta ideal y eficaz para resolver la situación porque:

  1. Evita la propagación de agentes dañinos para tejidos cercanos al provocar el cierre de la zona.
  2. Limpia los desechos celulares y los patógenos de la zona.
  3. Sienta las bases para el proceso de reparación.

Esta gran cantidad de sangre también provocará un aumento de presión que hará dar la voz de alarma a los receptores del dolor, enviando información dolorosa al cerebro y provocando la pérdida de funcionalidad de la zona a través de una inhibición intracortical. Esta información dolorosa, puede reducir la fase REM provocando una privación del sueño.

Por lo tanto, sí. Puede que te duela y que no duermas bien los primeros días. Es normal.

Esto son síntomas habituales de la inflamación que hay que soportar para poder reparar la zona lesionada eficazmente. Soportar si son soportables. Hay una gran diferencia entre dolor y sufrimiento. Si podemos soportar el dolor y somos capaces de dormir, bien. Si sufrimos y no somos capaces de descansar, sería adecuada la toma de algún analgésico sin componente antiinflamatorio para mitigar esa situación, ya que un buen descanso es clave para que nuestro sistema inmune haga su trabajo desinflamándonos y reparando la lesión.

Para seguir entendiendo a la inflamación y comprender como realizar un tratamiento adecuado de esta, debemos bajar a los niveles moleculares. Una inflamación debería comportarse como una fiebre, entre las 36-48 horas alcanzar el máximo nivel de inflamación y a partir de ahí disminuir significativamente. Para esto necesitaremos: ácidos grasos omega 6 y omega 3 , enzimas COX y LOX y citoquinas inflamatorias y resolutivas. Me explico…

En las primeras 48 horas (fase aguda), hay una gran cantidad de citoquinas inflamatorias en la zona lesionada producidas por la enzima COX a partir del ácido araquidónico (ácido graso omega-6 AA). Necesitamos que se llegue a una cierta cantidad de un tipo de ellas, las prostaglandinas tipo 2 (PGD2 y PGE2), para que active a la enzima LOX, que empieza a sintetizar también a partir del AA una clase de citoquinas resolutivas, las lipoxinas A4 y B4, que van a dar la señal de stop a la ascendencia de las prostaglandinas 2, marcando así el final de la inflamación y el inicio de la resolución de la inflamación. Posteriormente, los ácidos grasos omega-3 DHA y EPA también participan en este proceso resolutivo al producir más citoquinas resolutivas: resolvinas (DHA y EPA) y protectinas (DHA). Por lo tanto, 1º habrá inflamación para que 2º haya regeneración del tejido.

No habrá una regeneración como toca hasta no tener una inflamación acorde a lo que hay que regenerar.

Estos mediadores lipídicos son dependientes de la vitamina A y D. A mayores, como la omega 3 DHA y EPA son fácilmente oxidativos, necesitamos que este se acompañe de antioxidantes, principalmente la vitamina C, aunque también la B y los minerales Mg y Zinc. Por lo tanto, ante un proceso inflamatorio necesitamos grasa buena (AA, DHA y EPA) y vitamina A, D y C para desinflamar. ¿Donde los podemos encontrar?

Los ácidos grasos omega 3 DHA y EPA se encuentran abundantemente en productos del mar como el pescado, los ácidos grasos omega 6 AA en la carne y huevos, la vitamina D (la más importante en estos casos) la absorbemos directamente del sol, la vitamina A (ácido retinoico, su forma activa) en productos de origen animal principalmente el hígado y la vitamina C de frutas y verduras.

Pescado, carne, vísceras, huevos, frutas, verduras y sol… es curioso que cuando se habla de buena salud salgan los mismos protagonistas una y otra vez. Son alimentos que encontramos en la naturaleza, no productos alimentarios del supermercado. ¿Es curioso no? Más de una reflexión se me viene a la cabeza.

¿Cómo se puede entorpecer este mecanismo de resolución de la inflamación?

  1. Tomar antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) para bloquear la inflamación.

La COX es la enzima clave en la síntesis de las prostaglandinas, a través de la oxidación del AA. Dentro de la enzima COX debemos diferenciar entre COX-1 y COX-2:

  • Las COX-1 desempeña un papel importante en la síntesis de los prostanoides para propósitos fisiológicos y regula funciones como la protección gastrointestinal, la homeostasis vascular, la hemodinámica renal y la función plaquetaria. Ayudando a la reparación y regeneración del tejido.
  • La COX-2 produce las prostaglandinas inflamatorias y marcan el inicio de la inflamación.

Los farmacéuticos, una vez supieron los papeles de COX-1 y COX-2, diseñaron un fármaco para inhibir COX-2 y que mantuviera COX-1. El problema es que esos fármacos se cargaban al riñón, por lo tanto, los medicamentos que hay en la actualidad inhiben tanto COX-1 como COX-2. Un medicamento que inhibe solo COX-2 es el nolotil, prohibido actualmente por provocar úlceras estomacales o fallos del riñón que mataron a mucha gente.

      2. Low grade inflammation

Si ya partimos de un estado basal inflamatorio, los procesos de resolución de la inflamación estarán desbordados y no serán capaces de atajar todos los frentes.

¿Cómo podemos llegar a un low grade inflamation o inflamación de bajo grado? La manera más rápida es a través de la grasa, la cual es un tejido endocrino que segrega citoquinas llamadas adipoquinas, principalmente inflamatorias. En personas con sobrepeso, la grasa se convierte en el mayor órgano endocrino del cuerpo, por lo que estaremos inflamándonos continuamente. No sólo ocurre esto, sino que el exceso de grasa visceral provocará que los procesos de resolución no funcionen correctamente, con lo que nos estaremos inflamando y no dejamos que nos desinflamemos. Esta lucha constante para desinflamarnos conduce a un sistema inmune deprimido, sin energía, haciendo que nos lesionemos y enfermemos con mayor asiduidad, llegando incluso a enfermedades de tipo autoinmune.

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En pocas palabras…

  1. La inflamación es nuestra amiga: evita la propagación de patógenos, limpia las células muertas e inicia la regeneración del tejido.
  2. La zona lesionada se hinchará, estará más caliente y se enrojecerá.
  3. Duele e incluso puede que no duermas. Si sufres, toma un analgésico sin componente antiinflamatorio para ayudarte a descansar.
  4. No tomes antiinflamatorios (AINEs), cortan la inflamación retardando la señal de inicio de la curación, empeorándola y provocando la fibrosis del tejido.
  5. La alimentación es clave. Necesitaremos un aporte extra de grasas buenas (omega 3 DHA y EPA y omega 6 AA) y vitaminas A, D y C. Siendo incluso conveniente la suplementación.
  6. Un buen estado de salud previo a la lesión es clave para que tu sistema inmune puede resolverla eficazmente.
  7. No reposo absoluto. Como vimos en esta entrada, un movimiento adecuado es importantísimo para ayudar a una buena regeneración.
  8. LO NORMAL ES LA INFLAMACIÓN.
By | 2019-01-26T20:19:21+00:00 enero 26th, 2019|Categories: Alimentación, maSSalud, Rehabilitacion, salud|0 Comments

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